Los discípulos de Jesus por sobrenombre hijos del trueno, estuvieron con Jesus de cerca y paso algo extraño en ellos, una vez que Jesus quería entrar a un pueblo y los del pueblo lo rechazaron, a Juan y Jacobo les dio el síndrome de profeta, enfurecidos le preguntaron a Jesús: Jesus quieres que ordenemos fuego para que caiga sobre ellos y los consuma? a lo cual Jesus los reprendió.
Veo un peligro en mi vida y en el corazón del hombre, es el orgullo. Dicen que es el monstruo de mil cabezas, cuando piensas matar una cabeza aparece otra de otra forma pero sigue siendo orgullo. Aveces pensamos que la gente altiva es la única gente orgullosa, pero gente tímida también es orgullosa. El orgullo es confiar en ti y no en Dios, es querer hacer tu voluntad y no la de Dios. En mi vida cuando Dios trato con una parte de mi orgullo y confesé mi pecado y Dios me quebranto, empece a predicar en las calles. Pero me paso al igual que Juan y Jacobo el síndrome del profeta, empece a ver que muchos de la iglesia no predicaban y mi actitud fue " que le pasa a los hermanos nosotros estamos predicando y ellos no hacen nada" y así empece a tratar a los que no predicaban con inferioridad y yo me enorgullecía que estaba según yo "haciendo la voluntad de Dios" mas sin embargo no era así, y al igual que Juan y Jacobo , Jesús me reprendió.
Aun batallo con el orgullo y peleare contra el hasta el ultimo dia de mi vida, pero creo que es importante comunicar este mensaje, que si Dios te ha dado el privilegio de predicar a los perdidos, que el monstruo de la mil cabezas no haga de la suyas en tu vida. Si tanto queremos despertar a la iglesia a su proposito de Glorificar a Jesus por medio de predicación de su evangelio, entonces no apuntemos, no critiquemos. La iglesia no va a recibir el llamado a predicar de gente que critica, apunta y con altivez denuncia sus faltas, sino al contrario va a perjudicar la obra. Que Dios nos llene de misericordia,
paciencia y mansedumbre para que con el amor y ejemplo se levante una generación de seguidores de Jesus que proclaman el evangelio.

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